Imagina que tienes que escoger entre dos empleos públicos.
El primero ofrece 100 vacantes.
El segundo apenas 20.
Sin saber nada más, probablemente escogerías el primero. Cien puestos dan tranquilidad. No necesitas quedar primero, segundo ni décimo: hay espacio hasta el puesto 100.
Ahora aparece un dato adicional.
En el empleo de 100 vacantes hay 8.900 inscritos.
En el de 20 vacantes hay 700.
Y ahí la decisión deja de ser obvia.
¿Cuál tiene mejores probabilidades?
No es una pregunta tan sencilla de responder mentalmente porque el cerebro está intentando comparar cuatro números al mismo tiempo: 100 contra 20 y 8.900 contra 700.
Por eso conviene hacer algo mucho más simple.
Convirtamos el concurso en una rifa por un momento
No porque un concurso público sea una rifa. No lo es.
Pero la analogía sirve para establecer un punto de partida.
Si todos los concursantes fueran exactamente iguales, podríamos dividir el número de inscritos entre el número de vacantes.
En el primer empleo:
8.900 ÷ 100 = 89 personas por vacante.
En el segundo:
700 ÷ 20 = 35 personas por vacante.
Ahora la fotografía cambia completamente.
El concurso de 100 vacantes, que parecía mucho más atractivo, tiene 89 aspirantes por cada puesto disponible. El de 20 vacantes tiene 35.
Expresado como una rifa puramente teórica:
- 100 vacantes entre 8.900 inscritos: 1,12 %.
- 20 vacantes entre 700 inscritos: 2,86 %.
Si todos fueran iguales y el mérito no existiera, la segunda alternativa tendría una probabilidad base aproximadamente 2,5 veces superior.
Hay otra forma, quizá más clara, de verlo. En la primera OPEC tendrías que terminar aproximadamente dentro del 1,12 % superior de los inscritos. En la segunda, dentro del 2,86 % superior.
Las dos son competitivas. Pero no exigen ocupar la misma posición relativa.
Primera idea: mirar solamente cuántas vacantes hay puede engañar. Hay que mirar cuánta gente compite por cada una.
El primer número que deberíamos calcular: presión por vacante
Podemos llamar presión por vacante a una cuenta muy sencilla:
Presión por vacante = inscritos ÷ vacantes
No pretende predecir quién va a ganar. Sirve para poner OPEC de tamaños diferentes en una misma escala.
| OPEC | Inscritos | Vacantes | Presión por vacante |
|---|---|---|---|
| A | 8.900 | 100 | 89 |
| B | 700 | 20 | 35 |
| C | 4.200 | 60 | 70 |
| D | 350 | 5 | 70 |
La OPEC C tiene doce veces más inscritos que la D. Sin embargo, ambas tienen exactamente la misma presión: 70 aspirantes por vacante.
Eso muestra por qué frases como “esa tiene poquitos inscritos” o “esa ofrece 100 vacantes, métase por esa” son incompletas. Necesitamos las dos cifras.
Y esto explica el miedo a la vacante única
No es raro que un aspirante experimentado prefiera una OPEC con varias plazas y mire con desconfianza una que ofrece una sola vacante.
La razón es sencilla.
Supongamos una única plaza. Obtienes 82,41. Otra persona obtiene 82,48.
Fin.
Puedes haber presentado un examen extraordinario y terminar segundo por siete centésimas.
Con cinco vacantes, esa misma diferencia puede llevarte del segundo al tercero o del cuarto al quinto y todavía dejarte dentro del grupo con posibilidad de nombramiento.
Varias vacantes crean algo que podríamos llamar margen de clasificación. No tienes que ser necesariamente el mejor; tienes que entrar en el grupo.
Eso explica por qué, cuando existen alternativas razonables, muchos concursantes se sienten más cómodos apuntando a OPEC de tres, cinco, diez o más vacantes.
Pero cinco vacantes no siempre son mejores que una
Comparemos ahora:
Empleo A: 1 vacante y 15 inscritos.
Empleo B: 5 vacantes y 75 inscritos.
En ambos casos tenemos:
15 inscritos por vacante.
Si todos los candidatos fueran equivalentes, la probabilidad base sería la misma: 6,67 %.
Entonces, las cinco vacantes no crearon una ventaja matemática por sí solas. Lo que hicieron fue cambiar la forma en que se distribuye el riesgo.
Con una vacante necesitas terminar primero. Con cinco puedes terminar entre los cinco primeros.
Y eso importa especialmente cuando eres un candidato fuerte: la aparición de uno o dos rivales extraordinarios puede dejar de ser fatal porque todavía existen más puestos dentro de la zona de clasificación.
Hasta aquí la matemática es sencilla. Ahora tenemos que dañarla
Todo lo anterior supone algo que sabemos que es falso:
que todos los inscritos son iguales.
Y un concurso de méritos existe precisamente para diferenciarlos.
Entre 700 inscritos puede haber personas que apenas cumplen el requisito mínimo, otras con años de experiencia adicional, algunas con formación que puede sumar en antecedentes, otras que conocen perfectamente el sector y otras que finalmente ni siquiera continúan efectivamente en el proceso.
Todos aparecen inicialmente dentro del mismo número: 700 inscritos.
Pero no son 700 rivales idénticos.
Inscritos no significa competidores efectivos
Volvamos al ejemplo inicial.
OPEC A: 100 vacantes y 8.900 inscritos.
OPEC B: 20 vacantes y 700 inscritos.
Sabemos que la B tiene mejor presión por vacante: 35 frente a 89.
Pero a lo largo del proceso aparecen filtros. Algunas personas pueden quedar por fuera en la verificación de requisitos, otras pueden no presentarse a una prueba y otras pueden no superar una etapa eliminatoria.
Por eso existe una diferencia entre inscritos y competidores efectivos.
El segundo número sería mucho más útil. El problema es que normalmente no lo conocemos cuando tenemos que decidir dónde inscribirnos.
Y ahí la decisión empieza a ser estratégica.
No importa solamente cuántos sean. Importa quiénes sean
Imagina una OPEC con tres vacantes y 60 inscritos. Veinte personas por vacante. Suena muy bien.
Pero el empleo exige una profesión poco común y cinco años de experiencia directamente relacionada.
¿Por qué solo se inscribieron 60?
Tal vez porque casi nadie cumple. Y eso puede significar que buena parte de quienes sí lograron inscribirse pertenecen precisamente al pequeño grupo de profesionales que lleva años trabajando en ese campo.
Ahora compara con otra OPEC:
10 vacantes y 500 inscritos. Cincuenta por vacante.
Matemáticamente parece peor. Pero admite muchas profesiones y exige poca experiencia. La población puede ser mucho más heterogénea: candidatos muy fuertes, candidatos promedio y personas que apenas cumplen.
Segunda idea: menos inscritos significa menos competencia en cantidad. No necesariamente significa competencia más débil.
Una OPEC puede tener pocos inscritos precisamente porque es difícil
Supongamos que encuentras una OPEC con cinco vacantes y 40 inscritos.
Ocho personas por puesto.
A primera vista parece magnífica.
Pero antes de inscribirte conviene hacer otra pregunta:
¿por qué solamente hay 40?
Quizá está ubicada en un municipio al que pocas personas quieren trasladarse. Si tú sí estás dispuesto a vivir allí, esa barrera juega a tu favor.
Quizá exige una profesión escasa que precisamente tú tienes. También te favorece.
Pero quizá exige una experiencia muy específica y tú apenas llegas al requisito mínimo. En ese caso, esos 40 inscritos pueden ser mucho más peligrosos de lo que parece.
El número necesita contexto.
Ahora incluyamos al personaje que faltaba: tú
La verdadera pregunta nunca fue “¿cuál concurso es más fácil?”.
La pregunta es:
¿en cuál concurso tengo yo mayores probabilidades?
Una misma OPEC puede ser una magnífica oportunidad para una persona y una mala elección para otra, incluso cuando ambas cumplen los requisitos mínimos.
En ConcursoMaster.com ya explicamos cómo elegir una convocatoria con criterio: requisitos, funciones, antecedentes y compatibilidad real con el empleo importan tanto como el nombre de la entidad o el salario.
Aquí esas variables tienen una lectura adicional: ayudan a estimar qué tan arriba podrías estar dentro de la distribución de candidatos.
Pensemos en percentiles, no solamente en puntos
Regresemos una vez más al ejemplo principal.
100 vacantes / 8.900 inscritos: necesitas estar aproximadamente dentro del 1,12 % superior.
20 vacantes / 700 inscritos: necesitas estar aproximadamente dentro del 2,86 % superior.
Ahora la pregunta útil es:
¿qué tan razonable es pensar que puedo estar dentro de ese grupo?
Si apenas cumples el requisito mínimo, no tienes una ventaja particular en antecedentes y el temario te resulta ajeno, pensar que vas a ubicarse dentro del 1 % superior puede ser demasiado optimista.
Si tienes experiencia directamente relacionada, buena formación adicional y resultados de preparación consistentemente altos, la evaluación cambia.
Por eso la probabilidad no pertenece solamente a la OPEC.
Pertenece a la combinación entre OPEC y candidato.
Y aquí entra Bayes, sin necesidad de convertir esto en una clase de estadística
La idea bayesiana central es bastante cotidiana:
partimos de una estimación y la modificamos cuando aparece información nueva.
Supongamos que ves por primera vez estas dos opciones:
- A: 100 vacantes / 8.900 inscritos.
- B: 20 vacantes / 700 inscritos.
Con esa información, B empieza mejor. Su presión por vacante es mucho menor.
Pero después aparece evidencia nueva.
Primera evidencia: experiencia
Revisas las funciones. En A coinciden casi exactamente con lo que has hecho durante siete años. En B apenas cumples lo exigido.
La OPEC A acaba de mejorar en tu evaluación.
Segunda evidencia: antecedentes
Calculas aproximadamente qué formación y experiencia adicional podrían ser valoradas según las reglas del proceso. En A tienes un margen importante. En B casi todo lo que acreditas se necesita para cumplir el mínimo.
A vuelve a mejorar.
Si no tienes claro cómo separar requisito mínimo de experiencia o formación adicional, puedes revisar nuestra guía sobre Valoración de Antecedentes.
Tercera evidencia: preparación
Haces simulacros o repasas los ejes funcionales. En los temas relacionados con A rindes consistentemente mejor que en los de B.
Nueva actualización.
Cuarta evidencia: competencia real
Más adelante aparecen resultados de admitidos o datos que permiten aproximarse mejor a cuántas personas continúan efectivamente.
La evaluación vuelve a cambiar.
Eso es pensamiento bayesiano aplicado a una decisión de concurso.
No significa afirmar: “tengo exactamente 17,42 % de probabilidad de ganar”.
Significa algo más útil: no seguir tomando decisiones con la información de ayer cuando hoy sabes más.
Nuestro error habitual es congelar la primera impresión
Vemos 100 vacantes y nos emocionamos.
Después vemos 8.900 inscritos y nos asustamos.
Las dos reacciones utilizan una sola pieza de información.
Una evaluación más racional se parece a esto:
100 vacantes → interesante.
8.900 inscritos → menos interesante.
89 inscritos por vacante → competencia alta.
mi experiencia coincide extraordinariamente con el empleo → mejora.
tengo pocos antecedentes adicionales → empeora.
mi preparación en esos temas es consistentemente alta → mejora nuevamente.
No existe una señal única y definitiva.
Existe acumulación de evidencia.
Una forma práctica de usar esto sin hacer estadística
- Calcula la presión por vacante. Divide inscritos entre vacantes. Entre 8.900/100 y 700/20, la segunda empieza claramente mejor: 35 frente a 89.
- Mira el tamaño de la zona de clasificación. Una sola vacante exige prácticamente ganar. Varias plazas dan margen.
- Pregunta por qué hay tantos o tan pocos inscritos. Ubicación, profesión, experiencia, salario y requisitos pueden explicar el número.
- Compárate con el cargo. Experiencia adicional, funciones, formación, antecedentes y dominio del sector son señales de tu posición probable.
- Actualiza cuando aparezca información nueva. No te enamores de una OPEC solo porque la primera cifra te gustó.
¿Y si todavía no se conoce el número de inscritos?
Entonces toca estimar la competencia mediante señales indirectas.
Una OPEC profesional, con buen salario, en una ciudad muy demandada, que admite varios perfiles académicos y exige poca experiencia probablemente atraerá un universo amplio.
Otra ubicada en un municipio pequeño, con requisitos profesionales estrechos y experiencia muy específica puede atraer menos personas.
No conocemos todavía el número real.
Construimos una expectativa provisional.
Cuando aparece el dato, la corregimos.
Otra vez: estimar y actualizar.
Una vacante todavía puede ser la mejor opción
Nada de esto significa que debamos eliminar automáticamente cualquier empleo que tenga una sola plaza.
Imagina:
OPEC A: 1 vacante, 18 inscritos y un cargo que coincide casi exactamente con tu trayectoria.
OPEC B: 10 vacantes, 500 inscritos y un perfil en el que cumples, pero no tienes ninguna ventaja particular.
La presión es:
A: 18 personas por vacante.
B: 50 personas por vacante.
La primera puede seguir siendo la mejor apuesta.
Sí: un pequeño cambio en el resultado puede dejarte segundo. Ese riesgo existe.
Pero la regla sensata no es “nunca me presento a una sola vacante”.
Una vacante única necesita una ventaja suficientemente buena para compensar su falta de margen.
Y cien vacantes tampoco deberían hipnotizarnos
Ver 100 VACANTES produce una sensación inmediata de abundancia.
Pero si detrás existen 8.900 inscritos, necesitas aproximadamente estar dentro del mejor 1,12 % para quedar en esas primeras cien posiciones bajo la simplificación inicial.
Dicho así, cien ya no parece tanto.
La abundancia o escasez de vacantes debe evaluarse respecto al tamaño de la población que intenta ocuparlas.
Entonces, entre 100/8.900 y 20/700, ¿cuál escoger?
Con únicamente esos cuatro datos:
20 vacantes / 700 inscritos.
Su presión por vacante es 35 frente a 89. En el modelo más simple, su proporción de cupos es alrededor de 2,5 veces mayor.
Pero esa todavía no es la decisión final.
Después habría que preguntar:
- ¿En cuál encaja mejor mi experiencia?
- ¿En cuál puedo tener mejores antecedentes?
- ¿Cuál atrae perfiles más especializados?
- ¿Qué tan bien conozco los temas funcionales?
- ¿Qué señales tengo sobre los competidores efectivos?
- ¿Tengo razones objetivas para pensar que puedo alcanzar el percentil necesario?
Si las demás condiciones fueran similares, no habría mucho que discutir: 700 para 20 es estadísticamente mucho mejor que 8.900 para 100.
Si tu perfil es extraordinariamente fuerte en la primera y apenas promedio en la segunda, la respuesta puede cambiar.
Ahí empieza la estrategia personal.
La pregunta correcta
Cuando alguien pregunta:
“¿Menos inscritos significa que tengo más probabilidades de ganar?”
La respuesta es:
Sí, si todo lo demás permanece igual.
Pero casi nunca todo lo demás permanece igual.
Por eso conviene pasar por tres niveles.
Primero, el nivel de la rifa:
vacantes ÷ inscritos.
Después, el nivel estadístico:
¿qué posición relativa necesito alcanzar?
Y finalmente, el nivel estratégico:
¿qué razones tengo para pensar que puedo alcanzar esa posición?
Ahí aparece la diferencia entre buscar simplemente una OPEC con pocos inscritos y escoger una OPEC donde realmente tienes una ventaja.
Porque 100 vacantes pueden ser pocas y 20 pueden ser muchas.
Todo depende de cuántas personas estén intentando sentarse en esas sillas y de qué tan buenas sean tus razones para pensar que una de ellas puede ser tuya.
Nota metodológica: los porcentajes utilizados en los ejemplos son proporciones simples de vacantes sobre inscritos. Sirven como referencia comparativa, no como probabilidades reales de nombramiento. Un concurso de méritos no asigna oportunidades al azar y el resultado depende de las reglas del proceso y del desempeño de los aspirantes.
